miércoles, 21 de noviembre de 2007

El Lago Sagrado de los Incas

Imágenes surrealistas se conectaban en forma no consecutiva, como si mi mente quisiera jugar a la rayuela de Cortázar, navegaba yo en una telaraña de temas que ya no recuerdo, parece que la noche anterior me hubieran dado yagé en vez del mate de coca, una noche de delirio y absurdo que transcurrió entre temperaturas extremas. Desperté de Guayabo sin haberme tomado ni una gota de licor, los 3800 m.s.n.m. martillaban en mi cerebro como en un video de Pink Floyd. Aun zurumbático y habiendo desayunado sólo té como con 40 clases de pan, me monté en el bus que nos llevaría al muelle donde comenzaría nuestra
aventura náutica.

La presión de mis oidos y la nata verde del lago, se iban desvaneciendo a medida que abandonábamos la bahía de Puno. Pasamos a un lado del Hotel "El Libertador" situado en la isla Estévez, cuyas suites no bajan de 200 dólares la noche. Bajo el barco como en una película de Walt Disney, la curiosa fauna acuática conversaba sobre nosotros. El Suche, el pez gato, llegaba desde el Río Pucará para mostrarnos sus enormes bigotes. La trucha, 10 veces más pequeña de lo que habían llegado sus antepasados por efecto del agua helada del Titicaca y los Mauris, agitando sus diminutas extremidades para navegar por las aguas que viajaban desde los andes.

Llegamos a una de las 40 islas flotantes de los Uros, raza que vio emergir a Manco Capac y a su hermana y esposa de las profundidades del Lago. Tratando de escapar al sometimiento del Imperio Incaico, recurrieron al Junco para adentrarse en el lago sagrado y crear de él, las más hermosas islas artificiales y todo cuanto en ellas hay. A pesar de que han sido capaces de mantener su cultura intacta desde el tiempo anterior a los incas, no son ajenos al siglo en el que se encuentran, es por eso que no es raro ver en sus pequeñas chozas de totora, un panel solar que los provee de energía eléctrica, uno podría pensar que no es coherente con su estilo de vida un artílugio tan moderno, pero en realidad tiene total coherencia con su creencia en que el Taita Inti (padre sol) les da todo cuanto necesitan.


El Jacha Mallku o presidente nos da la bienvenida a su hogar, él no tiene que preocuparse por la corrupción, el narcotráfico o por grupos levantados en armas, pero tiene la gran responsabilidad de mantener la totora fresca para que sus islas no mueran por efecto de la descomposición. Su gente es gente amable, siempre dispuesta a ofrecerle una sonrisa al turista y en busca de ser mejores anfitriones para sus multinacionales invitados, se han aprendido canciones en quechua, aymara, español, inglés, francés y hasta en chino.

Al comprar para mi familia algunas de las maravillas hechas a mano, me percato de la ironía comercial que hay aquí, en el fino restaurante de anoche sólo aceptaban soles, en cambio en esta isla llena de nativos, aceptan soles, dólares, euros, de todo. El último abrazo a una bebé vestida con los colores del arco iris y nos disponemos a dar una vuelta en caballito de totora (canoa) parecida a las de la cultura egipcia, mientras las damas de la isla se despiden cantando "vamos a la playa, oh, oh, oh, oh, oh!". De vuelta al barco aprovecho las 3 horas de viaje hacia nuestro próximo destino, para dormir lo que no dormí en el Hotel. Llegamos a la isla de Taquile en donde el Titicaca se torna en la ilusión de un mar que sólo es real 4000 metros hacia abajo. Entre el lago y el cielo se hace una gama de azules, quebrantada por un horizonte Boliviano que pareciera estar a la vuelta de la esquina pero del que en realidad nos separan varias leguas. Conocemos a la cultura Quechua que allí habita, cuyo saludo consiste en intercambiarse hojas de coca de sus respectivas chuspas (parecidas a las mochilas de los estudiantes de la nacional).

Los hombres de este lugar, son considerados los mejores tejedores del mundo por la UNICEF y no sólo son los que tejen, sino que además entre mejor lo hagan, mayor será demostrada su virilidad, así que si uno de estos mancitos quiere coronar, le toca primero punto, crochet, cadeneta, moño. Claro que las mujeres también tienen que demostrar lo buenas mujeres que son y para esto tejen con pedazos de su propio cabello entrelazado con lana de alpaca con tintes naturales, una faja para su marido donde se narra su historia de amor, ésta hace las veces del anillo en el matrimonio católico, sólo que estas fajas no se compran en cualquier joyería.

Almorzamos con una deliciosa Sopa de Quinua, el alimento del futuro, porque crece en todas partes y es bueno para todo según me dijo (y le creo) una adorable anciana de escasos 107 años. Enseguida nuestros anfitriones con chullos (gorros) de casados, nos deleitan con un baile típico y no pasa mucho para que nosotros seamos parte activa de la danza. Con la flor de la cantuta en una mano (la flor nacional de Perú) nos despedimos de nuestros nuevos amigos y comenzamos el descenso por la 550 gradas que nos conducen hacia el muelle, lo grave es que me dieron ganas de entrar al baño y el hecho de que el emisario del "Titicaca" sea el rio "Desaguadero" que más al sur forma el lago "Poopó", no ayuda a olvidar el asunto.

De regreso me voy en la Proa hablando con mi bella amiga Melinda de California y le enseño las asombrosas fotos que logró captar mi lente, mientras tanto el dios sol deja de calentarnos muy despacio para darle paso al viento frío que nos espera en la ciudad de la Vírgen de la Candelaria. Finalmente adaptado a la altura, esta noche pinta bien, aunque tristemente no dejo de pensar que esta aventura poco a poco va llegando a su final.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Atravesando el Valle del Vilcanota

De repente me encontré en un bus. Mi compañera de asiento, una tímida Argentina del Rosario, delgada, de ojos profundos y una sonrisa que hacía perfecta armonía con su acento. Del otro lado unos sospechosos jóvenes europeos que aun cuando me esforcé, no pude determinar su sexo. El paisaje, una impecable avenida panamericana de 2 carriles, rodeada de casitas de ladrillo y adobe que se confundían con los cerros. Nuestra primera parada, Andahuaylillas (pradera de cobre), distrito de la provincia de Quispicanchi, donde se encuentra la Capilla Sixtina de las Américas.
En la plaza principal las palmas y los árboles de Pisonay, me recordaban al Parque El Gallineral en Santander, por sus bellos musgos colgantes por donde se filtraba la luz del sol. A un lado, tres cruces de andesita como las del Calvario, que representan la santísima trinidad. Esta iglesia transicional (transición de lo inca a lo colonial), fue mandada a construir sobre una huaca inca por los jesuitas 4 siglos antes de hoy. Al atravesar sus puertas renacentistas, nos advierten que al igual que en la Catedral del Cusco, está prohibido filmar o tomar fotografías, así que mi amiga del Rosario, empieza a poner en práctica sus clases de yoga para tomar fotos sin que se den cuenta.


Al ingresar, los frescos en las paredes de Luis de Riaño y Anónimos de la Escuela Cusqueña, y las flores con motivos geométricos de su techo, nos hacen escuchar cuidadosamente al guía que nos narra la historia del templo. En verdad es impresionante, más que una iglesia llena de arte, es el arte hecho iglesia. El Altar barroco que se encuentra en restauración, es de cedro tallado y forrado en pan de oro y formaletas de plata, que hacen brillar aun más, la estatua de "La Virgen del Rosario". Mi amiga Argentina deja escapar una risa burlona, supongo que le parece irónico escuchar que haya una vírgen que sea del Rosario. Un epígrafe del baptisterio pone: "yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén"; en cinco idiomas: latín, español, quechua, aymara y pukina (es raro que tenga traducción en estos últimos, ya que los incas no eran católicos).



Luego de este banquete visual, nos disponemos a continuar nuestro camino atravesando la fértil tierra del Valle del Vilcanota (Rio que por los lados del Cusco tomará el nombre de Urubamba). En medio de los cerros, la Cordillera de los Andes tímidamente espía a los turístas, mientras llegamos a nuestra segunda parada, el complejo arqueológico de Raqchi. Como si enfrentara al insomnio, comienzo a contar ovejas saltando la cerca, sólo que esta vez no están en mi imaginación. Hemos llegado al Templo de Wiracocha, el dios supremo de los hijos del sol. Otra imponente obra ordenada por Pachacutec, cuya construcción no es coherente con las herramientas débiles, el desaprovechamiento de la rueda y el hierro, y el hecho de que los incas no tenían animales de carga para transportar o ayudar a transportar las inmensas moles utilizadas. (Definitivamente eran unos berracos!)






Un monumental muro de piedra y adobe hecho con lana de alpaca, paja y jugo de cactus, rodeado de pequeños cilindros de piedra, que eran las bases de inmensas torres, es lo que queda de lo que fuera el "Vaticano" de nuestros protagonistas. Las 22 torres junto a la pared de 12 metros, sostenían el techo de cedro y paja para formar la gran "Kallanca". De las 4 regiones del Tawantinsuyu venían a adorar a su dios, hasta que la mano inquisidora de los españoles les obligaría a cambiar de deidad. Es increible como sólo se necesita creer en algo, para que haya otro pelmazo que se lo destruya.




Sobre las formas trapezoidales, descansan diseños basados en la chacana (cruz andina), siempre teniendo en cuenta la dualidad (lo negativo y lo positivo, el hombre y la mujer, las farc y Uribe, etc.) y un poco más adelante nos topamos con las ruinas de los recintos o cuarteles del Chasqui Wasi, donde nos explican los beneficios de la Muña (el noni le quedó en pañales) y la chicha de Jora, pero lo que nadie nos había dicho ni sale en el "lonely planet" es que aquí los mosquitos son tan grandes, que no te pican sino que te violan!

Por los lados de la laguna artificial, nos apresuramos a abordar el bus que nos llevará a un taller típico de orfebrería y posteriormente a almorzar al son de la música andina. Pasamos por las aguas calientes de los Baños del Inca y dejamos atrás el Valle del Vilcanota para penetrar las tierras altoandinas. El glaciar de Chimboya, nacimiento del río amazonas, deja de espiarnos juguetonamente y nos muestra su blanco rostro. Hacemos una pequeña parada en la línea que divide a Cusco de Puno, y siento que no sólo se ha acabado el Vilcanota, también lo ha hecho el oxígeno, ya que estamos tomando fotos a 4.335 m.s.n.m. y realmente me cuesta respirar.


Abandonamos por un instante la Panamericana, para tomar un camino de herradura que nos llevará al tranquilo pueblo de Pucará, un pueblo de 3000 habitantes pero que parece de 30, conocido por sus famosos "Toritos de Pukará", piezas de cerámica que se ponen en los techos de las casas, representando la suerte y la prosperidad. Compro un par para la casa del chato y continuamos por la orilla del rio que le da nombre al pueblo y desemboca en el Lago Titicaca. Llegamos a Juliaca, donde además de ser famosa por sus choros, cacos y el contrabando Boliviano, posiblemente sea la única ciudad del Perú donde no quieren a los turístas. Un Borracho desata su desgarbado zapato y al mejor estilo de Don Quijote contra los molinos de viento, se dispone a hacerle frente a nuestro bus. Luego de que pasamos sobre él, nos dirigimos a la ciudad folclórica del Perú, Puno, donde terminará nuestra jornada. (tranquilos, en realidad no aplastamos al borrachito).


Finalmente hemos llegado a la ciudad que rodea la parte peruana del Lago Titicaca, pero la semana de juerga y jarana, sumado al insoportable soroche (que descompuso el estómago de mi amiga rosarina), hace que el único plan para esta noche sea tratar de dormir. Mañana, nos adentraremos en el lago navegable más alto del mundo.
























La Montaña Vieja


Con 2 escasas horas de sueño, me pongo en pie para ir a la Estación San Pedro. Me aguardan 4 horas de viaje en el tren Backpacker que me llevará hasta Aguas Calientes (El tren vistadome es más caro y no lo vale). Un buen tip para el viajero es cargar siempre a mano una buena provición de tus chiclets favoritos, algunos los recomiendan para destapar los oídos, yo lo recomiendo para que (con el agónico temor a que te responda "no, gracias") tengas algo que ofrecerle a tu vecino gárrulo y parlanchín de aliento tan putrefacto que haría regurgitar a una rata de alcantarilla.
Poco a poco el tren se va abriendo paso en zig zag entre las casitas de adobe y techos de zinc mientras llega a "el arco". A lo lejos, la cúpula de la catedral, perdida en un mar de tejas de arcilla, se abre lugar en el centro del Cusco. Siento que la silla del tren me aprisiona, así que desobedeciendo toda instrucción, me levanto buscando la mejor ventana para admirar los valles de Poroy que le darán paso a los monstruos de roca y selva que rodean al río Urubamba, desde Huarocondo hasta Pachar.

Hacemos nuestra primera parada en la estación de Ollantaytambo, haciéndole el quite a los mosquitos de la zona, desembarcamos 5 minutos para poder apreciar la flora que nace a los pies de los nevados y continuamos nuestro viaje pasando a un lado de la hidroeléctrica y los arriesgados caminantes que comienzan su trayecto de 4 días que supone "El camino del Inca". Finalmente llegamos a Aguas Calientes, un pueblo rico en artesanías y souvenirs, donde abordaré un bus hacia el templo del Machu Picchu. Caminando al doble del paso de mi amigo con halitósis crónica, me encuentro con un nuevo compañero de asiento que lejos de amortiguar el sufrimiento de mis nervios olfatorios, incrementa por 2 el martirio. Se trata de un guía local, para quien mis chiclets son totalmente inocuos, ya que su hedor me hace pensar que los pedos pueden materializarse en forma humana.

A los 30 minutos llegamos al tan anhelado lugar. A estas alturas del viaje (y no me refiero a los 2400 m.s.n.m.), ya no hay campo para otro pensamiento. Todos mis pasos finalmente me han traido al sitio más mítico y enigmático que he conocido, el santuario de Machu Picchu. Los Incas, teniendo como objetivo primordial mantener la ciudad lejos de las manos destructoras de los conquistadores, destruyeron todas las vías de acceso al bastión de la cultura andina,
refundiéndola por cientos de años entre la espesura de la vegetación Peruana. Su ubicación sólo se haría famosa gracias al estadounidense Hiram Bingham hace menos de un siglo y así, Machu Picchu se mostraría al mundo altiva y gloriosa, consolidándose como una de sus nuevas 7 maravillas y en patrimonio histórico de la humanidad.

Estando parado frente al imponente Huayna Picchu (Montaña joven), observo en las montañas el rostro de un hombre acostado, dejo volar mi imaginación y me pierdo en la más sincera humildad del ser humano, comienzo a escuchar en mi mente canticos incas y sonidos de tambores que me envuelven en un velos de energía ocres y rojos. Abro los ojos y de repente ya no me encuentro en Perú, estoy a en la Torre de Babel, gente de todo el mundo conversando en numerosos idiomas sobre el mismo tema, la grandeza del Imperio Inca. Comienzo a recorrer los pasajes de granito por los que unos siglos atrás transitaban cerca de mil miembros de la panaca de Pachacutec, Emperador del Tahuantinsuyo. Mientras tanto, la guía se posesiona de su papel y con un entusiasmo digno de un actor en su debut, comienza a narrar los hechos que allí tuvieron lugar hace más de 550 años.

La Plaza Sagrada, el Torreón (Templo del Sol), el Intihuatana (Observatorio astronómico solar), las terrazas donde cultivaban, los Colcas (graneros), todas construcciones que desafían a la altura, las lluvias y los repetidos sismos que afectan al área, pero era el mejor lugar para mantener contacto con los dioses y la naturaleza, convirtiéndose así en una increible obra de ingeniería incluso para nuestra época. Esas mañanas que nos levantamos con pereza de ir a
trabajar, sería bueno pensar en todas las piedras que fueron llevadas desde una cantera lejana, finamente talladas con utensilios de cobre y piedra pómez, unidas por apenas una tenue capa de barro y de arcilla imperceptible a simple vista, las piedras que tienen un número mayor de ángulos, servían de soporte a las demás cumpliendo funciones antisísmicas y así todo el complejo se levanta como una inmensa construcción de legos hechos de piedra, diseñada, construida y adecuada para vivir y trabajar en tiempo record y hecha para durar eternamente.

La ciudad está enteramente construida pensando en el sistema de drenaje (el agua como fuente de vida) y la posición del dios Inti (sol) no sólo con fines religiosos, sino también para cuadrar su calendario, su sistema agrícola y proveer a sus casas de calefacción. La representación de la trilogía andina, está presente en cada pieza arqueológica quechua, el mundo dividido en el Hanan Pacha, el mundo de arriba (la sabiduría), estaba simbolizado por el cóndor; el Kay Pacha, el mundo de aquí (la fuerza), lo representaba el puma y el Ukhu Pacha o el inframundo (la naturaleza), simbolizado por la serpiente.

Al final del tour me toca cantar en himno nacional de mi país, por haber demorado al grupo y ser tan preguntón, así que con la mano en el corazón doy mi última mirada al santuario y lleno de energía renovada me dispongo a abordar el bus de vuelta, donde el fantasma de un niño inca, se despide de nosotros en cada curva y finalmente se materializa adentro para pedir "one dollar mister".
Esta noche es una noche pluricultural, donde al calor de un Pisco Sour conversaré con las amistades internacionales que hice en el tren de vuelta (por fin una compañía decente!), sobre todo lo visto, vivido y aprendido, pero la celebración es suave ya que mañana comienza el camino a Puno, la ciudad del Lago Titicaca.














El Ombligo del Mundo



Estaba listo para continuar mi viaje, la siguiente parada habría de ser el Cusco y tenía que tomar una decisión, o me embarcaba 22 horas de aventura en un bus a través de la agreste morfología del territorio Peruano, donde miles de caras y paisajes esperaban por ser parte de mi relato y yo sortearía cada dificultad que me pudiera brindar el camino como un verdadero mochilero a prueba de todo, o recurría al aburrido medio aéreo para la gente débil que le teme
a lo desconocido.

Ya en el avión, me preparaba para leer mi libro, cuando observé por la ventana que Lima desaparecía tras un velo gigante hecho de nubes y en pocos minutos, el gris volvía a ser azul y el ocre volvía a ser verde. Sobrevolábamos imponentes montañas de sombrero blanco, que solían ser ponchos antes del calentamiento global y dejábamos atrás aquel desierto que bordeaba el pacífico.

Armado de guantes, saco, chaqueta, bufanda y gorro, estaba listo para pisar los 3.400 metros de altura de la Ciudad del Cusco, vestuario nada apropiado para los 35 grados centígrados que salieron a recibirme a las puertas del avión. En vivo, la música andina era nuestra voz de bienvenida en el aeropuerto internacional "Alejandro Velasco Astete" de la capital del Tahuantinsuyo, y enseguida sentí que la emoción de visitar esta tierra hacía que mi sangre corriera a paso redoblado y que mi pulso latiera como el bombo de "sulky" de Gustavo Cerati, pero un oriundo de la región sería el encargado de sacarme de mi trance para decirme que eso no era emoción sino mal de altura.

Con dificultad para respirar, abordé el auto que me llevaría al hotel y pasamos al lado del monumento erguido en nombre de Pachacútec, 9eno emperador inca, considerado como el mejor de los gobernantes de ésta etnia, pero que sin duda también debía figurar en alguna lista de la época como "100 incas que odiamos a Pachacútec". Llegamos por la Avenida del Sol, principal avenida de la orbe prehispánica del "Qosqo", que en buen quechua significa "Ombligo" y como yo ya tenía mi qosqo pegado al espinazo, me metí mi primer mate de coca para el soroche (mal de altura) y me dispuse a cargar las pilas de mi cámara de 4.1 megapixeles con 4 gigas de memoria que no me sirvió pa un c... dentro de las iglesias, ya que es terminantemente prohibido tomar fotos o filmar.

Tanto en el Koricancha (Kori = Oro / Cancha = Recinto) como en la Catedral del siglo XVII, antiquísimos lienzos de la Escuela Cusqueña y finos tallados en madera bañados en pan de oro de 24 kilates, se encargaban de dejarme con la boca tan abierta como sólo la tuve donde el dentista. El esplendor de la Catedral que albergaba en su interior varias iglesias, que a su vez albergaban varias capillas, era sólo comparable con la más antigua catedral europea, ya que su tamaño y embergadura, sobrepasaba los límites de mi memoria.



Los muros del imperio inca, que habían soportado hasta el más temible despertar de la Pachamama (Madre tierra) con sus innumerables temblores y terremotos, no habían podido hacerlo de igual manera, a la mano destructiva y chora de los mal llamados "conquistadores" que arrancaron hasta el más mínimo kilate de oro y plata que forraban sus paredes. Subimos a 3.800 m.s.n.m. donde se encuentra la fortaleza de Sajsahuamán (Sajsa = jaspeado / Huamán = halcón), ciudadela amurallada que sirvió de refugio del Imperio y donde los últimos años se celebrara el Inti Raymi o Fiesta del Sol. De repente un Cóndor magnánimo, gigante, enorme, que llegaba de los andes, se posa a mi lado sobre uno de los monolítos de granito que fuera pulido a piedra pómez por los incas y siento que una cascada de viento frío recorre mi espina dorsal como si en vez de un Cóndor, fuera un terodáctilo o algo así, y cuando éste despliega sus alas demostrando su grandeza, le disparo en ráfaga miles de fotos que lo enaltecen más y lo llevan a posar como modelo de Soho ante la inicua lente de mi cámara.




El Inti, objeto de adoración suprema, ha descendido de los cielos para recostarse sobre el oeste y mientras llega la noche, los turistas de todo el mundo se disponen a disfrutar de una deliciosa Cusqueña (la cerveza). Yo por mi parte escribo en un papelito las 2 cosas que aprendí hoy, la primera es que a pocos kilómetros de nuestro país se encuentra la historia viva de un choque cultural entre lo colonial y lo prehispánico que sin lugar a duda hay que conocer, y la segunda es que hoy no solo quedé amando al Cusco sino también a Alemania. Buenas Noches.

Ecos de Barranco

Barranco está habitada por fantasmas, pero no de los que asustan sino de los que atacan por medio de la nostalgia y la melancolía. Todo Limeño tiene un bonito recuerdo de éste distrito, sin embargo, ahora parece estar habitado tan sólo por voces de un pasado reciente, que hace inevitable agachar la cabeza y encogerse de hombros al contemplar impotentes su decadencia. Las miradas que brillan en la oscuridad vigilan de cerca al turista y se pierden en un velo de marihuana al cruzar la esquina. La arquitectura colonial se desmorona ante los ojos de quienes disfrutan la vida nocturna que allí se ofrece, así que decidimos sumarnos a los fantasmas para pasar la desavenencia de la situación.


Nos vamos a tomar una cerveza al bar de juanito, un lugar que más que un bar se asemeja a una bodega de pueblo, sus paredes están llenas de estantes habitados por licores de todo el mundo y todas las épocas. Se nos prohibe sentarnos a la mesa ya que es un lugar reservado para damas, así que nos disponemos firmes a disfrutar de lo pintorezco del lugar, mientras llega la hora de ir a "La Noche" donde un grupo local nos espera para deleitarnos con un poderoso
concierto de rock.

Por la mañana "El Gus", otro de los grandes amigos que conocí en Ecuador, me invita a comer el mejor cebiche peruano en "La Onceava" de Barranco, donde un pedazo de rocoto disfrazado de tomate, se instala plácidamente en mis papilas gustativas y abriéndose paso por todos mis nervios casi me revienta las venas. La gente trataba de pasarme agua, chicha morada, o algo que me quite el intenso picante que puso a mi piel en technicolor.



Su madre, una mujer mayor de alta estima en Barranco conocida como la tía Peta y su padrastro Don Juan, a quien la diabetes le quitó sus dos piernas, pero no así su entusiasmo y sus ganas de vivir. Al mejor estilo de "La Flor de la Canela" de Chabuca Granda, nos disponemos a ir "del puente a la alameda" a casa de sus suegros que viven en Los Olivos, donde estamos invitados a un sabroso chupe (sopa de camarón) y de segundo una exquisita Pachamanca (carne que se cocina en la tierra). Entre risas y atenciones, escucho las enseñanzas de Don Juan (que nada tienen que ver con los anillos de poder de Carlos Castañeda), quien me cuenta todas las aventuras que vivió en Colombia y en el resto del mundo, y burlándose me dice que el anduvo tanto que su mujer le hizo cortar las piernas. Al principio no entendía como podía ser tan jovial y dicharachero en su condición, pero no pasó mucho para que entendiera que él vivió su vida tan intensamente, que ahora sólo esperaba ver pasar su entierro como decía el Coronel Aureliano Buendía.

En la noche volvemos a Barranco y pasamos sigilosamente por el Puente de los Suspiros, donde tenemos cuidado de encontrarnos con el "Padre sin Cabeza", la famosa leyenda de la Iglesia de la Ermita. Avanzamos hacia La Posada del Mirador, y al sonar de la caja y la música criolla, nos preparamos para disfrutar de unos exquisitos anticuchos (pinchos de corazón de res) y una sangría helada. Nuestra última atracción es "El Teatro Loco" de la calle que se activa por un sol y regresamos a casa cargados de nuevas experiencias.


Caminando por Miraflores

La zona en la que estoy hospedado es el distrito de Miraflores, los distritos son como barrios pero un poco más grandes. Con dificultad logro escapar a la comodidad que me ofrece el taxi y salgo a caminar por la avenida Comandante Espinar y como en una película de Tim Burton, árboles mortecinos por la siempre ausente lluvia, custodian los pasajes y bulevares. Arriba, un cielorraso de nubes que nunca descenderán se extiende hasta el mar.

Todo camino parece conducir a un óvalo y éste me condujo al Óvalo Gutiérrez, donde se encuentra San Miguel Arcángel, patrono de Miraflores. (Óvalo es en Perú, lo que redondel es en Ecuador, rotonda en Venezuela y Round Point o “Rompoy” en mi bella Colombia). Me devuelvo a la Angamos Oeste con dirección a la avenida Arequipa, donde nos topamos con valiosas obras coloniales de arquitectura conformadas en su mayoría por embajadas y universidades.



Poco después, la avenida “Bergasse du Petit Thouars” un nombre que puede sonar algo inadecuado para tratarse de la avenida que alberga al Mercado Indígena, ya que si bien es el nombre del Almirante Francés que defendió a Lima de la acometida Chilena en la Guerra del Pacífico, esperaríamos para esta zona en particular un nombre un poco más incaico como Av. Túpac Amaru o algo así. El caso es que a lo largo de la avenida, encontramos cientos de locales donde la platería y la piel de alpaca son el rubro principal, pero también encontramos innumerables objetos con diseños Nazca, camisetas del Machu Picchu y llamas (los animales) en madera. Por una chaqueta (casaca en peruano) de alpaca, fácilmente te pueden pedir unos 130 soles y tú, como buen Colombiano, fácilmente puedes pagar 75 soles por ella.



Llego al Óvalo de Miraflores, donde puedo entrar al “Cinerama Pacífico” a ver una película por 10 soles o puedo comprar una en DVD en buena calidad por 5. Atravieso el Parque Kennedy donde puedo disfrutar de un buen “sanguche” de butifarra con ají amarillo o un dulce “Suspiro Limeño”, que es como un merengón con arequipe y algo de licor, mientras tanto, admiro toda clase de objetos que desde las 5pm se sitúan en el Mercado de las Pulgas. Para el frío un buen Mate de Coca en el Café Z, no es mucho lo que calienta pero te relaja al punto de que ya no te importa tener frío.


Una hamburguesa de Bembos me hace ojitos, pero yo tengo una cita para leer con la estatua de Ricardo Palma en el Parque de las Tradiciones. Se hace tarde para mi pero no para Lima, ya que es una ciudad nocturna por naturaleza y en todos sus establecimientos ya se están preparando para recibir a quien quiera disfrutar de un poderoso “Pisco Sour” o cualquiera de sus creativas combinaciones cualquier día de la semana. Podría ser una noche en Barranco pero eso, es otra historia.

Los primeros 10 días

10 días han transcurrido y el frío se ha calmado un poco, el invierno va dándole paso a la primavera muy lentamente. Como el chato me había advertido no hay electrodomésticos y sin nevera he tenido que comprar cosas que no se dañen como pan tajado, leche en tetrapack, el infaltable atún, mecato en general y por supuesto una gaseosa que estando aquí, he decidido turnarlas entre Guaraná Backus e Inka Cola. Como tampoco hay vajilla compré un set desechable del cual saqué un tenedor para peinarme.

Al principio pensando en ahorrar, trataba de irme a Cafés con WiFi gratuito, pero pronto me di cuenta que cada café costaba el triple de lo que costaba una hora de internet en cabinas. Llegué ese día al apartacho con la firme convicción de no volver a estos sitios y mientras ordenaba los datos en mi computador, éste captó una señal de internet inalámbrico, perfecto! Ya tengo Internet. Pero como no todo podía ser perfecto, sólo en la cocina capta la señal y como no hay sillas pues no puedo conectarme por mucho tiempo por la incomodidad.



Los taxis

Con muy contadas excepciones podemos afirmar que taxista es taxista en cualquier parte del mundo, pero si vienes a Lima hay algunas cosillas que vale la pena saber. Lo primero es que en Lima no hay taxímetros, por lo que debes negociar la tarifa antes de subirte al taxi, por supuesto al principio no tienes ni puñetera idea de donde quedan los sitios así que de todas maneras te van a tumbar.

Lo segundo es que si un taxista te dice “Señor, le bajo la luna?”, no es que se esté poniendo romántico, sino que aquí le dicen así a los vidrios. Y lo tercero pero no menos importante es que todo el mundo te dice que hay que tener cuidado al tomar un taxi, pero lo grave es que no hay como hacerlo, empezando que hay taxis de todos los colores, marcas y modelos y sólo sabes que es un taxi por un pequeño letrero y porque te pasa al lado pitando como si fueras una colegiala, pero en términos generales es mejor coger los que tienen el letrero de taxi afuera del carro y no los que lo llevan dentro.

Comenzó el viaje

Siempre he tenido algo con las fechas, decidí partir el 30 de Septiembre para que el primero de Octubre tuviera un significado especial, un lunes, un verdadero comienzo. En lugar de la libreta que me aconsejó llevar Omar, me aventuré a llevar el computador, era algo riesgoso pero después de todo, el viaje en sí ya era un riesgo por sí mismo, además, un compu definitivamente sirve para todo.

No estoy seguro si las cosas pasarán por algo, pero el sentimiento de frustración al no haber alcanzado a comprar la promoción por la cual el viaje me hubiera salido por la mitad del precio, se desvaneció cuando pensé en lo que había sucedido en Perú en esos días, el terremoto, el meteorito, el accidente de los turistas en Cusco, en fin, aunque no puedo asegurar que de haber viajado antes hubiera podido estar en alguno de esos escenarios, puedo decir que me siento más tranquilo al haber viajado después.

Mientras despegaba el avión, pensamientos empezaron a invadir mi cabeza, dónde me iba a quedar? Cuánto dinero gastaría? Cómo me iba a comunicar con mi familia? En fin, todo aquello que supuestamente debía planear antes de viajar, pero realmente la misma emoción de saber que iba a conocer otro país, sobretodo uno por el que todo el que haya tenido “perubólica” siente una conexión especial.

La voz electrónica de la azafata nos invitaba a ver en la pantalla gigante del avión “Piratas del Caribe 3” pero yo tenía mi propia película a través de la ventana. Un mar de nubes de todas las clases, espesas, livianas, opacas, sólidas como un tapete gigante y al comenzar el descenso, un final alucinante, las montañas ya no eran de árboles y selva, ahora eran de roca sólida y arena. Como si entráramos a otra dimensión empecé a observar como ese paisaje desértico se acercaba hacia mi cada vez más y de repente la vista se hizo azul grisáceo, las nubes que parecían un mar, ahora era un mar que parecía nubes, las olas del pacífico eran explosiones blancas que reventaban en la costa de Lima. Ya en el aeropuerto todo se iba solucionando poco a poco, una señorita alquilaba celulares por 10 dólares, perfecto! ya estaba comunicado.

Llamé al chato, un Director Creativo Peruano que conocí cuando trabajé en Ecuador y por el que sentía una profunda admiración profesional, habíamos mantenido contacto por el Messenger y logrado una bonita amistad. El me dijo que por cosas de la vida estaba adecuando su apartamento de soltero, que si quería podía ocuparlo mientras llegaban los muebles y los electrodomésticos, perfecto! ya tenía techo.

Supuse que en Perú difícilmente cambiarían pesos a soles así que en Colombia cambié pesos a dólares aprovechando que el dólar estaba bajito, cuando me acerque a la casa de cambio del aeropuerto, vi con sorpresa que si hubiera podido cambiar pesos a soles pero me hubieran dado la mitad de lo que me daban por lo dólares, lo que me sugiere que a la hora de partir, si cambio los soles que tenga directamente a pesos, habré recuperado en algo la inversión.



Me advirtieron que si tomaba un taxi por fuera del aeropuerto probablemente me costaría la mitad de lo que me costaba tomarlo dentro del aeropuerto, pero en vista de que hasta el momento todo me había salido bien, no quería forzar mi suerte, arriesgándome a ser atracado recién llegado, por lo que decidí tomar el taxi en el aeropuerto.





Estrené mi celu llamando a mi familia y dándoles el número para que tuvieran como contactarme, veía con asombro el brillo del sol a través de la bruma espesa del cielo limeño, que se iba transformando poco a poco en una bola amarilla, naranja y finalmente roja como si en vez de un atardecer cualquiera se tratara de un eclipse. Al otro lado la vista no era tan relajante, policías corrían hacia sus motos mientras una multitud de jóvenes se tomaban las calles del Callao. Con temor le pregunté al taxista qué pasaba y me respondío que hoy había partido de fútbol entre el alianza lima y el sporting cristal. Rápidamente me di cuenta que el fútbol no sería un buen tema de conversación, ya que aquí lo toman muy en serio.



Llegué a Larcomar, el sitio donde me iba a recoger el chato. Es curioso, cuando ves a una persona que no veías hace mucho por lo general empieza la guerra de egos para ver a quien le ha ido mejor en la vida, pero cuando te encuentras con un amigo, te recibe con un cálido abrazo como si te hubiera visto el día anterior. Mientras conversábamos sobre la vida, recorríamos la Ciudad de los Reyes y comenzaba a darme cuenta el por qué de este apelativo, ya que la arquitectura era completamente colonial, la Plaza de Armas, la Plaza Grau y la Plaza de San Martín parece que hubieran sido levantadas con el fin de hacerte sentir pequeño, las luces resaltaban tan imponentes construcciones y veía con admiración y también con satisfacción como nuestras culturas eran tan diferentes y tan parecidas a la vez.


Son las 11 de la noche y el haber cargado una mochila de 20 kilos y un computador desde las 5:30 de la mañana tiene a mi espalda rogando por una postura horizontal, hay que recuperar fuerzas, después de todo, la aventura ya comenzó.

La Motivación



Tuvo que dañarse la señal de televisión para salir del trance en el que me encontraba, de repente me vi en la misma pijama que traía hace días con una mano en las guevas y la otra en el control remoto. Empezaron a emerger de mi todos los pensamientos sobre lo que había transcurrido hasta el día de hoy, mis dudas, mis temores, mi situación incierta, mis preguntas sin respuesta, a decir verdad, ni siquiera tenía las preguntas.

En la mesita de noche 3 celulares, cada uno de una empresa distinta, al lado un computador con internet banda ancha, en la habitación contigua un teléfono fijo que no pago yo, viene entonces la inquietante pregunta... Qué carajos hago hablando solo?

Llamé a uno de mis mejores amigos en Cali buscando alguna respuesta o mejor, alguna pregunta. Omar es de esos amigos que te pueden dar un cálido abrazo sin tener que estar al frente...

- Omar?
- Que hubo perro!
- Pues ahí hermano, en el mismo limbo existencial...
- Pero... bien?
- Pues sí, afortunadamente no tengo problemas graves. Estoy bien de salud, no tengo deudas, ni obligaciones con nadie.
- Y entonces que está esperando?
- De qué.. o qué...?
- Arranque!
- Pa onde?
- Pa onde sea pero arranque ya! Usted es jóven, soltero, no tiene compromisos ni obligaciones con nadie, lo que más le gusta es viajar y escribir, pues hágalo!

En ese momento sentí como si alguien me hubiera operado de cataratas, todo se veía muy claro, algo dentro de mi cerebro hizo clic. Los días me habían pasado por encima mientras definía que hacer con mi vida, porque estaba tratando de definir que era lo que la gente esperaba de mi, como si yo le debiera algo a los demás, cómo si el éxito no fuera un estado sino una obligación por el simple hecho de seguir con un esquema de vida. Pero las palabras de Omar sincronizaron mis neuronas en un solo pensamiento... "Qué es realmente lo que me haría feliz?".

Casi todos los días hablo por el Messenger con gente de todas las edades y de todas las condiciones, gente que conocí aquí y allá, amigos, familiares, conocidos, gente que conocí por accidente o que conozco desde hace años, todos ellos con un elemento en común, el poco tiempo para hacer cualquier cosa que no sea su actividad diaria. Víctimas de la rutina con el deseo innato de libertad atrapado en una telaraña de responsabilidades o tal vez, la simple necesidad de mantener su círculo de seguridad.

Mi viaje, de alguna manera era una obligación que asumía por el simple hecho de poder hacerlo. Mis amigos, vivirían en mi un viaje espontáneo y yo viviría en ellos el deseo de libertad. Quien sabe, a lo mejor podría resultar inspirador para alguien, unos dirían “Yo quisiera hacer un viaje como el que hizo Ricky”, otros dirían “Si ese huevón pudo, porque yo no?”.