viernes, 21 de diciembre de 2007

Bienvenido!



Estás en el blog viajero de Ricardo Cárdenas. En la parte derecha encontrarás 9 títulos de Noviembre y 2 más de Diciembre, con sólo darle clic podrás acceder a la crónica, las fotos y los videos relevantes de cada lugar.

Espero que lo disfrutes!!!

Ya está también disponible México para Colommbies en el siguiente enlace: http://mexicoparacolommbies.blogspot.com

lunes, 3 de diciembre de 2007

Gracias!

Finalmente quisiera agradecer a todos los que nutrieron este viaje, a los grandes amigos que hice y a los que ya tenía... Gracias a Oscar Heraud por ser tan atento y amable sin conocerme y gracias a Ana lucía por presentármelo. Gracias a Gustavo San Cristobal y a su familia, un gran amigo y la mejor dupla que he tenido. Gracias a Coqui, a Miguel León de las Casas y a todo el equipo de Joe Quispe por los cortos pero buenos momentos que pasamos. A Gustavo Rodríguez por la exquisita atención en su casa. Gracias a Carlos Viscaya de la agencia de viajes por su esmero y cordialidad. A mis multinacionales amigas, Simone, Melinda, Coco, Albena, Oana y a las otras cuyo nombre se me escapa. A Rodri por motivarme a hacer este blog y a Néstor por insistirme. A todos los Directores Creativos del Perú. Ya quisiera yo que los de Colombia fueran tan abiertos y sencillos. Gracias a los muchachos del IPP por permitirme dejarles algunas palabras. Pero antetodo gracias a Omar por haberme dado el empujón a realizar este viaje y por supuesto al chato Miguel, sin quien hubiera sido imposible llevarlo a cabo. Que bueno es contar con amigos tan especiales como ustedes y espero algún día retornarles el favor. Un abrazo. Rick.

domingo, 2 de diciembre de 2007

El viaje final

Iniciamos nuestro retorno pensando (a riesgo de sonar como plaza sésamo) en todo lo que hemos aprendido. Es increible que las tribus pre-incas tales como los Quechuas y los Aymaras, eran culturas que no conocían el lado oscuro del ser humano, eran culturas que vivían en armonía y en función del amor bajo los 3 principios andinos que eran: El Munay (amor al prójimo), el Llank`ay (amor al trabajo), y el Yachay (amor a la sabiduría), admirable su convencimiento por siempre querer ser mejor, mientras que en la actualidad nosotros vivimos bajos los preceptos: Aprovecha cualquier papaya que te de tu prójimo, trabaja lo necesario pa que no te echen y nuestra sabiduría se limita a telenovelas, realities y partidos de fútbol. Cuando llegaron los invasores (los conquistadores), dispusieron los principios en forma de mandamientos, creyendo que los nativos eran de su propia calaña. Los mandamientos eran: El Ama Sua (no seas choro), el Ama Quella (no seas flojonazo) y el Ama Llulla (no hables mier...).


Nuestra última parada es el Sillustani, hacia donde la nobleza Inca y Pre-inca hacían su viaje final. Un lugar ubicado en una península de la Laguna Umayo (Cabeza del río), a 34 km de Puno donde momificados en posición fetal, los seres pertenecientes a la cultura Kolla y Tiwanaku eran enterrados con preciosos tesoros que los acompañaban a la otra vida (por lo menos hasta que los españoles lo supieron), ya que ellos no creían en la muerte. Sus tumbas eran enormes torres cónicas llamadas Chulpas, gigantescos mausoleos pétreos cuya entrada siempre miraba al este para recibir la energía del Tata Inti. Antes de ser enterrados, pasaban por lo que sería una especie de sala de velación llamada Intiwatana, una estructura donde llevaban a cabo el último ritual Inka. Por medio de unas chulpas que quedaron a medias (se cree que porque tuvieron que salir como pepaeguama) podemos tener una pista de que manera pudieron ser construidos los inmensos cilindros de esta necrópolis.

Al despedirme de este lugar sagrado observo a una hermosa vicuña con las pestañas de Bambi y a un singular burro peludo, que sin duda desarrolló más pelo por el frío nocturno. Pasando al lado de la Universidad Andina y en medio de la fiesta que hay en Juliaca, me dirijo al Aeropuerto Internacional Inca Manco Capac, donde tomaré un avión a la ciudad blanca de Arequipa, y desde el Aeropuerto Alfredo Rodríguez Ballón, admiraré brevemente al Volcán Misti y al Cañón del Colca, uno de los más grandes del mundo, mientras nuestra persecución al sol nos lleva de regreso a Lima. El cielo se va a apagando y a mi me está entrando la inevitable pero necesaria nostalgia del viaje, tengo material de sobra para montar un blog o a lo mejor un libro, pero ahora me dispongo a disfrutar de las últimas noches que me brinde el Perú hasta retornar a mi sufrida pero hermosa Colombia.

Al llegar al apartamento, descubro que no me acompaña la cámara en la que tengo cuanta foto y video tomé del viaje, se quedó en el taxi. Comienzo a correr y en la búsqueda frenética de otro que me devuelva al aeropuerto y en la carrera casi me hago atropellar de uno. Le ofrezco el doble de la tarifa oficial con tal de que me lleve a lo que su triste carro pueda acelerar. Como si le hubiera ofrecido oro, el señor chofer se convierte en un Juan Pablo Montoya inca y vuela entre un mar de madrazos e improperios. Finalmente y con un poco de nauseas llego al aeropuerto y mi único recuerdo es que el chofer que me trajo era bajito, morenito y gordito, pista de poco ayuda ya que los 2.736 choferes cumplen con esa descripción. Mediante la radio logran confirmar a uno que realizó hace poco un servicio a mi dirección y finalmente, gracias a que el conductor no realizó otra carrera, ni se percató en mirar hacia atrás, encuentro sana y salva mi cámara con los recuerdos del viaje intactos. Le debo una más al barbudo.


Ya en la Ciudad de los Reyes, nos fuimos a comer como tales. El chato me invitó mi última cena en tierra inca en el Tanta. Degustamos deliciosas mini causas limeñas (puré de papá relleno de camarones) con tallarines verdes y papas a la huancaina, y de postre el famoso turrón de Doña Pepa que sólo se produce en el mes morado. Al día siguiente me dispongo a regresar a mi querido terruño, empaco con el cuidado de una abuela todos los recuerdos y souvenires que este octubre dejó en mis manos, y como quien no se quiere ir tomo un taxi al aeropuerto José Chávez de la ciudad de Lima y abordo el avión de Avianca que me devolverá a casa. Ahora, es tiempo de pensar en cómo diablos pagaré mi tarjeta de crédito, pero lo vivido, no me lo quita nadie!
A ti que estás leyendo estas líneas, gracias por acompañarme en este viaje, espero que te haya gustado y a lo mejor, me leas en la próxima aventura.

Un abrazo!

miércoles, 21 de noviembre de 2007

El Lago Sagrado de los Incas

Imágenes surrealistas se conectaban en forma no consecutiva, como si mi mente quisiera jugar a la rayuela de Cortázar, navegaba yo en una telaraña de temas que ya no recuerdo, parece que la noche anterior me hubieran dado yagé en vez del mate de coca, una noche de delirio y absurdo que transcurrió entre temperaturas extremas. Desperté de Guayabo sin haberme tomado ni una gota de licor, los 3800 m.s.n.m. martillaban en mi cerebro como en un video de Pink Floyd. Aun zurumbático y habiendo desayunado sólo té como con 40 clases de pan, me monté en el bus que nos llevaría al muelle donde comenzaría nuestra
aventura náutica.

La presión de mis oidos y la nata verde del lago, se iban desvaneciendo a medida que abandonábamos la bahía de Puno. Pasamos a un lado del Hotel "El Libertador" situado en la isla Estévez, cuyas suites no bajan de 200 dólares la noche. Bajo el barco como en una película de Walt Disney, la curiosa fauna acuática conversaba sobre nosotros. El Suche, el pez gato, llegaba desde el Río Pucará para mostrarnos sus enormes bigotes. La trucha, 10 veces más pequeña de lo que habían llegado sus antepasados por efecto del agua helada del Titicaca y los Mauris, agitando sus diminutas extremidades para navegar por las aguas que viajaban desde los andes.

Llegamos a una de las 40 islas flotantes de los Uros, raza que vio emergir a Manco Capac y a su hermana y esposa de las profundidades del Lago. Tratando de escapar al sometimiento del Imperio Incaico, recurrieron al Junco para adentrarse en el lago sagrado y crear de él, las más hermosas islas artificiales y todo cuanto en ellas hay. A pesar de que han sido capaces de mantener su cultura intacta desde el tiempo anterior a los incas, no son ajenos al siglo en el que se encuentran, es por eso que no es raro ver en sus pequeñas chozas de totora, un panel solar que los provee de energía eléctrica, uno podría pensar que no es coherente con su estilo de vida un artílugio tan moderno, pero en realidad tiene total coherencia con su creencia en que el Taita Inti (padre sol) les da todo cuanto necesitan.


El Jacha Mallku o presidente nos da la bienvenida a su hogar, él no tiene que preocuparse por la corrupción, el narcotráfico o por grupos levantados en armas, pero tiene la gran responsabilidad de mantener la totora fresca para que sus islas no mueran por efecto de la descomposición. Su gente es gente amable, siempre dispuesta a ofrecerle una sonrisa al turista y en busca de ser mejores anfitriones para sus multinacionales invitados, se han aprendido canciones en quechua, aymara, español, inglés, francés y hasta en chino.

Al comprar para mi familia algunas de las maravillas hechas a mano, me percato de la ironía comercial que hay aquí, en el fino restaurante de anoche sólo aceptaban soles, en cambio en esta isla llena de nativos, aceptan soles, dólares, euros, de todo. El último abrazo a una bebé vestida con los colores del arco iris y nos disponemos a dar una vuelta en caballito de totora (canoa) parecida a las de la cultura egipcia, mientras las damas de la isla se despiden cantando "vamos a la playa, oh, oh, oh, oh, oh!". De vuelta al barco aprovecho las 3 horas de viaje hacia nuestro próximo destino, para dormir lo que no dormí en el Hotel. Llegamos a la isla de Taquile en donde el Titicaca se torna en la ilusión de un mar que sólo es real 4000 metros hacia abajo. Entre el lago y el cielo se hace una gama de azules, quebrantada por un horizonte Boliviano que pareciera estar a la vuelta de la esquina pero del que en realidad nos separan varias leguas. Conocemos a la cultura Quechua que allí habita, cuyo saludo consiste en intercambiarse hojas de coca de sus respectivas chuspas (parecidas a las mochilas de los estudiantes de la nacional).

Los hombres de este lugar, son considerados los mejores tejedores del mundo por la UNICEF y no sólo son los que tejen, sino que además entre mejor lo hagan, mayor será demostrada su virilidad, así que si uno de estos mancitos quiere coronar, le toca primero punto, crochet, cadeneta, moño. Claro que las mujeres también tienen que demostrar lo buenas mujeres que son y para esto tejen con pedazos de su propio cabello entrelazado con lana de alpaca con tintes naturales, una faja para su marido donde se narra su historia de amor, ésta hace las veces del anillo en el matrimonio católico, sólo que estas fajas no se compran en cualquier joyería.

Almorzamos con una deliciosa Sopa de Quinua, el alimento del futuro, porque crece en todas partes y es bueno para todo según me dijo (y le creo) una adorable anciana de escasos 107 años. Enseguida nuestros anfitriones con chullos (gorros) de casados, nos deleitan con un baile típico y no pasa mucho para que nosotros seamos parte activa de la danza. Con la flor de la cantuta en una mano (la flor nacional de Perú) nos despedimos de nuestros nuevos amigos y comenzamos el descenso por la 550 gradas que nos conducen hacia el muelle, lo grave es que me dieron ganas de entrar al baño y el hecho de que el emisario del "Titicaca" sea el rio "Desaguadero" que más al sur forma el lago "Poopó", no ayuda a olvidar el asunto.

De regreso me voy en la Proa hablando con mi bella amiga Melinda de California y le enseño las asombrosas fotos que logró captar mi lente, mientras tanto el dios sol deja de calentarnos muy despacio para darle paso al viento frío que nos espera en la ciudad de la Vírgen de la Candelaria. Finalmente adaptado a la altura, esta noche pinta bien, aunque tristemente no dejo de pensar que esta aventura poco a poco va llegando a su final.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Atravesando el Valle del Vilcanota

De repente me encontré en un bus. Mi compañera de asiento, una tímida Argentina del Rosario, delgada, de ojos profundos y una sonrisa que hacía perfecta armonía con su acento. Del otro lado unos sospechosos jóvenes europeos que aun cuando me esforcé, no pude determinar su sexo. El paisaje, una impecable avenida panamericana de 2 carriles, rodeada de casitas de ladrillo y adobe que se confundían con los cerros. Nuestra primera parada, Andahuaylillas (pradera de cobre), distrito de la provincia de Quispicanchi, donde se encuentra la Capilla Sixtina de las Américas.
En la plaza principal las palmas y los árboles de Pisonay, me recordaban al Parque El Gallineral en Santander, por sus bellos musgos colgantes por donde se filtraba la luz del sol. A un lado, tres cruces de andesita como las del Calvario, que representan la santísima trinidad. Esta iglesia transicional (transición de lo inca a lo colonial), fue mandada a construir sobre una huaca inca por los jesuitas 4 siglos antes de hoy. Al atravesar sus puertas renacentistas, nos advierten que al igual que en la Catedral del Cusco, está prohibido filmar o tomar fotografías, así que mi amiga del Rosario, empieza a poner en práctica sus clases de yoga para tomar fotos sin que se den cuenta.


Al ingresar, los frescos en las paredes de Luis de Riaño y Anónimos de la Escuela Cusqueña, y las flores con motivos geométricos de su techo, nos hacen escuchar cuidadosamente al guía que nos narra la historia del templo. En verdad es impresionante, más que una iglesia llena de arte, es el arte hecho iglesia. El Altar barroco que se encuentra en restauración, es de cedro tallado y forrado en pan de oro y formaletas de plata, que hacen brillar aun más, la estatua de "La Virgen del Rosario". Mi amiga Argentina deja escapar una risa burlona, supongo que le parece irónico escuchar que haya una vírgen que sea del Rosario. Un epígrafe del baptisterio pone: "yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén"; en cinco idiomas: latín, español, quechua, aymara y pukina (es raro que tenga traducción en estos últimos, ya que los incas no eran católicos).



Luego de este banquete visual, nos disponemos a continuar nuestro camino atravesando la fértil tierra del Valle del Vilcanota (Rio que por los lados del Cusco tomará el nombre de Urubamba). En medio de los cerros, la Cordillera de los Andes tímidamente espía a los turístas, mientras llegamos a nuestra segunda parada, el complejo arqueológico de Raqchi. Como si enfrentara al insomnio, comienzo a contar ovejas saltando la cerca, sólo que esta vez no están en mi imaginación. Hemos llegado al Templo de Wiracocha, el dios supremo de los hijos del sol. Otra imponente obra ordenada por Pachacutec, cuya construcción no es coherente con las herramientas débiles, el desaprovechamiento de la rueda y el hierro, y el hecho de que los incas no tenían animales de carga para transportar o ayudar a transportar las inmensas moles utilizadas. (Definitivamente eran unos berracos!)






Un monumental muro de piedra y adobe hecho con lana de alpaca, paja y jugo de cactus, rodeado de pequeños cilindros de piedra, que eran las bases de inmensas torres, es lo que queda de lo que fuera el "Vaticano" de nuestros protagonistas. Las 22 torres junto a la pared de 12 metros, sostenían el techo de cedro y paja para formar la gran "Kallanca". De las 4 regiones del Tawantinsuyu venían a adorar a su dios, hasta que la mano inquisidora de los españoles les obligaría a cambiar de deidad. Es increible como sólo se necesita creer en algo, para que haya otro pelmazo que se lo destruya.




Sobre las formas trapezoidales, descansan diseños basados en la chacana (cruz andina), siempre teniendo en cuenta la dualidad (lo negativo y lo positivo, el hombre y la mujer, las farc y Uribe, etc.) y un poco más adelante nos topamos con las ruinas de los recintos o cuarteles del Chasqui Wasi, donde nos explican los beneficios de la Muña (el noni le quedó en pañales) y la chicha de Jora, pero lo que nadie nos había dicho ni sale en el "lonely planet" es que aquí los mosquitos son tan grandes, que no te pican sino que te violan!

Por los lados de la laguna artificial, nos apresuramos a abordar el bus que nos llevará a un taller típico de orfebrería y posteriormente a almorzar al son de la música andina. Pasamos por las aguas calientes de los Baños del Inca y dejamos atrás el Valle del Vilcanota para penetrar las tierras altoandinas. El glaciar de Chimboya, nacimiento del río amazonas, deja de espiarnos juguetonamente y nos muestra su blanco rostro. Hacemos una pequeña parada en la línea que divide a Cusco de Puno, y siento que no sólo se ha acabado el Vilcanota, también lo ha hecho el oxígeno, ya que estamos tomando fotos a 4.335 m.s.n.m. y realmente me cuesta respirar.


Abandonamos por un instante la Panamericana, para tomar un camino de herradura que nos llevará al tranquilo pueblo de Pucará, un pueblo de 3000 habitantes pero que parece de 30, conocido por sus famosos "Toritos de Pukará", piezas de cerámica que se ponen en los techos de las casas, representando la suerte y la prosperidad. Compro un par para la casa del chato y continuamos por la orilla del rio que le da nombre al pueblo y desemboca en el Lago Titicaca. Llegamos a Juliaca, donde además de ser famosa por sus choros, cacos y el contrabando Boliviano, posiblemente sea la única ciudad del Perú donde no quieren a los turístas. Un Borracho desata su desgarbado zapato y al mejor estilo de Don Quijote contra los molinos de viento, se dispone a hacerle frente a nuestro bus. Luego de que pasamos sobre él, nos dirigimos a la ciudad folclórica del Perú, Puno, donde terminará nuestra jornada. (tranquilos, en realidad no aplastamos al borrachito).


Finalmente hemos llegado a la ciudad que rodea la parte peruana del Lago Titicaca, pero la semana de juerga y jarana, sumado al insoportable soroche (que descompuso el estómago de mi amiga rosarina), hace que el único plan para esta noche sea tratar de dormir. Mañana, nos adentraremos en el lago navegable más alto del mundo.
























La Montaña Vieja


Con 2 escasas horas de sueño, me pongo en pie para ir a la Estación San Pedro. Me aguardan 4 horas de viaje en el tren Backpacker que me llevará hasta Aguas Calientes (El tren vistadome es más caro y no lo vale). Un buen tip para el viajero es cargar siempre a mano una buena provición de tus chiclets favoritos, algunos los recomiendan para destapar los oídos, yo lo recomiendo para que (con el agónico temor a que te responda "no, gracias") tengas algo que ofrecerle a tu vecino gárrulo y parlanchín de aliento tan putrefacto que haría regurgitar a una rata de alcantarilla.
Poco a poco el tren se va abriendo paso en zig zag entre las casitas de adobe y techos de zinc mientras llega a "el arco". A lo lejos, la cúpula de la catedral, perdida en un mar de tejas de arcilla, se abre lugar en el centro del Cusco. Siento que la silla del tren me aprisiona, así que desobedeciendo toda instrucción, me levanto buscando la mejor ventana para admirar los valles de Poroy que le darán paso a los monstruos de roca y selva que rodean al río Urubamba, desde Huarocondo hasta Pachar.

Hacemos nuestra primera parada en la estación de Ollantaytambo, haciéndole el quite a los mosquitos de la zona, desembarcamos 5 minutos para poder apreciar la flora que nace a los pies de los nevados y continuamos nuestro viaje pasando a un lado de la hidroeléctrica y los arriesgados caminantes que comienzan su trayecto de 4 días que supone "El camino del Inca". Finalmente llegamos a Aguas Calientes, un pueblo rico en artesanías y souvenirs, donde abordaré un bus hacia el templo del Machu Picchu. Caminando al doble del paso de mi amigo con halitósis crónica, me encuentro con un nuevo compañero de asiento que lejos de amortiguar el sufrimiento de mis nervios olfatorios, incrementa por 2 el martirio. Se trata de un guía local, para quien mis chiclets son totalmente inocuos, ya que su hedor me hace pensar que los pedos pueden materializarse en forma humana.

A los 30 minutos llegamos al tan anhelado lugar. A estas alturas del viaje (y no me refiero a los 2400 m.s.n.m.), ya no hay campo para otro pensamiento. Todos mis pasos finalmente me han traido al sitio más mítico y enigmático que he conocido, el santuario de Machu Picchu. Los Incas, teniendo como objetivo primordial mantener la ciudad lejos de las manos destructoras de los conquistadores, destruyeron todas las vías de acceso al bastión de la cultura andina,
refundiéndola por cientos de años entre la espesura de la vegetación Peruana. Su ubicación sólo se haría famosa gracias al estadounidense Hiram Bingham hace menos de un siglo y así, Machu Picchu se mostraría al mundo altiva y gloriosa, consolidándose como una de sus nuevas 7 maravillas y en patrimonio histórico de la humanidad.

Estando parado frente al imponente Huayna Picchu (Montaña joven), observo en las montañas el rostro de un hombre acostado, dejo volar mi imaginación y me pierdo en la más sincera humildad del ser humano, comienzo a escuchar en mi mente canticos incas y sonidos de tambores que me envuelven en un velos de energía ocres y rojos. Abro los ojos y de repente ya no me encuentro en Perú, estoy a en la Torre de Babel, gente de todo el mundo conversando en numerosos idiomas sobre el mismo tema, la grandeza del Imperio Inca. Comienzo a recorrer los pasajes de granito por los que unos siglos atrás transitaban cerca de mil miembros de la panaca de Pachacutec, Emperador del Tahuantinsuyo. Mientras tanto, la guía se posesiona de su papel y con un entusiasmo digno de un actor en su debut, comienza a narrar los hechos que allí tuvieron lugar hace más de 550 años.

La Plaza Sagrada, el Torreón (Templo del Sol), el Intihuatana (Observatorio astronómico solar), las terrazas donde cultivaban, los Colcas (graneros), todas construcciones que desafían a la altura, las lluvias y los repetidos sismos que afectan al área, pero era el mejor lugar para mantener contacto con los dioses y la naturaleza, convirtiéndose así en una increible obra de ingeniería incluso para nuestra época. Esas mañanas que nos levantamos con pereza de ir a
trabajar, sería bueno pensar en todas las piedras que fueron llevadas desde una cantera lejana, finamente talladas con utensilios de cobre y piedra pómez, unidas por apenas una tenue capa de barro y de arcilla imperceptible a simple vista, las piedras que tienen un número mayor de ángulos, servían de soporte a las demás cumpliendo funciones antisísmicas y así todo el complejo se levanta como una inmensa construcción de legos hechos de piedra, diseñada, construida y adecuada para vivir y trabajar en tiempo record y hecha para durar eternamente.

La ciudad está enteramente construida pensando en el sistema de drenaje (el agua como fuente de vida) y la posición del dios Inti (sol) no sólo con fines religiosos, sino también para cuadrar su calendario, su sistema agrícola y proveer a sus casas de calefacción. La representación de la trilogía andina, está presente en cada pieza arqueológica quechua, el mundo dividido en el Hanan Pacha, el mundo de arriba (la sabiduría), estaba simbolizado por el cóndor; el Kay Pacha, el mundo de aquí (la fuerza), lo representaba el puma y el Ukhu Pacha o el inframundo (la naturaleza), simbolizado por la serpiente.

Al final del tour me toca cantar en himno nacional de mi país, por haber demorado al grupo y ser tan preguntón, así que con la mano en el corazón doy mi última mirada al santuario y lleno de energía renovada me dispongo a abordar el bus de vuelta, donde el fantasma de un niño inca, se despide de nosotros en cada curva y finalmente se materializa adentro para pedir "one dollar mister".
Esta noche es una noche pluricultural, donde al calor de un Pisco Sour conversaré con las amistades internacionales que hice en el tren de vuelta (por fin una compañía decente!), sobre todo lo visto, vivido y aprendido, pero la celebración es suave ya que mañana comienza el camino a Puno, la ciudad del Lago Titicaca.














El Ombligo del Mundo



Estaba listo para continuar mi viaje, la siguiente parada habría de ser el Cusco y tenía que tomar una decisión, o me embarcaba 22 horas de aventura en un bus a través de la agreste morfología del territorio Peruano, donde miles de caras y paisajes esperaban por ser parte de mi relato y yo sortearía cada dificultad que me pudiera brindar el camino como un verdadero mochilero a prueba de todo, o recurría al aburrido medio aéreo para la gente débil que le teme
a lo desconocido.

Ya en el avión, me preparaba para leer mi libro, cuando observé por la ventana que Lima desaparecía tras un velo gigante hecho de nubes y en pocos minutos, el gris volvía a ser azul y el ocre volvía a ser verde. Sobrevolábamos imponentes montañas de sombrero blanco, que solían ser ponchos antes del calentamiento global y dejábamos atrás aquel desierto que bordeaba el pacífico.

Armado de guantes, saco, chaqueta, bufanda y gorro, estaba listo para pisar los 3.400 metros de altura de la Ciudad del Cusco, vestuario nada apropiado para los 35 grados centígrados que salieron a recibirme a las puertas del avión. En vivo, la música andina era nuestra voz de bienvenida en el aeropuerto internacional "Alejandro Velasco Astete" de la capital del Tahuantinsuyo, y enseguida sentí que la emoción de visitar esta tierra hacía que mi sangre corriera a paso redoblado y que mi pulso latiera como el bombo de "sulky" de Gustavo Cerati, pero un oriundo de la región sería el encargado de sacarme de mi trance para decirme que eso no era emoción sino mal de altura.

Con dificultad para respirar, abordé el auto que me llevaría al hotel y pasamos al lado del monumento erguido en nombre de Pachacútec, 9eno emperador inca, considerado como el mejor de los gobernantes de ésta etnia, pero que sin duda también debía figurar en alguna lista de la época como "100 incas que odiamos a Pachacútec". Llegamos por la Avenida del Sol, principal avenida de la orbe prehispánica del "Qosqo", que en buen quechua significa "Ombligo" y como yo ya tenía mi qosqo pegado al espinazo, me metí mi primer mate de coca para el soroche (mal de altura) y me dispuse a cargar las pilas de mi cámara de 4.1 megapixeles con 4 gigas de memoria que no me sirvió pa un c... dentro de las iglesias, ya que es terminantemente prohibido tomar fotos o filmar.

Tanto en el Koricancha (Kori = Oro / Cancha = Recinto) como en la Catedral del siglo XVII, antiquísimos lienzos de la Escuela Cusqueña y finos tallados en madera bañados en pan de oro de 24 kilates, se encargaban de dejarme con la boca tan abierta como sólo la tuve donde el dentista. El esplendor de la Catedral que albergaba en su interior varias iglesias, que a su vez albergaban varias capillas, era sólo comparable con la más antigua catedral europea, ya que su tamaño y embergadura, sobrepasaba los límites de mi memoria.



Los muros del imperio inca, que habían soportado hasta el más temible despertar de la Pachamama (Madre tierra) con sus innumerables temblores y terremotos, no habían podido hacerlo de igual manera, a la mano destructiva y chora de los mal llamados "conquistadores" que arrancaron hasta el más mínimo kilate de oro y plata que forraban sus paredes. Subimos a 3.800 m.s.n.m. donde se encuentra la fortaleza de Sajsahuamán (Sajsa = jaspeado / Huamán = halcón), ciudadela amurallada que sirvió de refugio del Imperio y donde los últimos años se celebrara el Inti Raymi o Fiesta del Sol. De repente un Cóndor magnánimo, gigante, enorme, que llegaba de los andes, se posa a mi lado sobre uno de los monolítos de granito que fuera pulido a piedra pómez por los incas y siento que una cascada de viento frío recorre mi espina dorsal como si en vez de un Cóndor, fuera un terodáctilo o algo así, y cuando éste despliega sus alas demostrando su grandeza, le disparo en ráfaga miles de fotos que lo enaltecen más y lo llevan a posar como modelo de Soho ante la inicua lente de mi cámara.




El Inti, objeto de adoración suprema, ha descendido de los cielos para recostarse sobre el oeste y mientras llega la noche, los turistas de todo el mundo se disponen a disfrutar de una deliciosa Cusqueña (la cerveza). Yo por mi parte escribo en un papelito las 2 cosas que aprendí hoy, la primera es que a pocos kilómetros de nuestro país se encuentra la historia viva de un choque cultural entre lo colonial y lo prehispánico que sin lugar a duda hay que conocer, y la segunda es que hoy no solo quedé amando al Cusco sino también a Alemania. Buenas Noches.