
Imágenes surrealistas se conectaban en forma no consecutiva, como si mi mente quisiera jugar a la rayuela de Cortázar, navegaba yo en una telaraña de temas que ya no recuerdo, parece que la noche anterior me hubieran dado yagé en vez del mate de coca, una noche de delirio y absurdo que transcurrió entre temperaturas extremas. Desperté de Guayabo sin haberme tomado ni una gota de licor, los 3800 m.s.n.m. martillaban en mi cerebro como en un video de Pink Floyd. Aun zurumbático y habiendo desayunado sólo té como con 40 clases de pan, me monté en el bus que nos llevaría al muelle donde comenzaría nuestra
aventura náutica.

La presión de mis oidos y la nata verde del lago, se iban desvaneciendo a medida que abandonábamos la bahía de Puno. Pasamos a un lado del Hotel "El Libertador" situado en la isla Estévez, cuyas suites no bajan de 200 dólares la noche. Bajo el barco como en una película de Walt Disney, la curiosa fauna acuática conversaba sobre nosotros. El Suche, el pez gato, llegaba desde el Río Pucará para mostrarnos sus enormes bigotes. La trucha, 10 veces más pequeña de lo que habían llegado sus antepasados por efecto del agua helada del Titicaca y los Mauris, agitando sus diminutas extremidades para navegar por las aguas que viajaban desde los andes.

Llegamos a una de las 40 islas flotantes de los Uros, raza que vio emergir a Manco Capac y a su hermana y esposa de las profundidades del Lago. Tratando de escapar al sometimiento del Imperio Incaico, recurrieron al Junco para adentrarse en el lago sagrado y crear de él, las más hermosas islas artificiales y todo cuanto en ellas hay. A pesar de que han sido capaces de mantener su cultura intacta desde el tiempo anterior a los incas, no son ajenos al siglo en el que se encuentran, es por eso que no es raro ver en sus pequeñas chozas de totora, un panel solar que los provee de energía eléctrica, uno podría pensar que no es coherente con su estilo de vida un artílugio tan moderno, pero en realidad tiene total coherencia con su creencia en que el Taita Inti (padre sol) les da todo cuanto necesitan.

El Jacha Mallku o presiden

te nos da la bienvenida a su hogar, él no tiene que preocuparse por la corrupción, el narcotráfico o por grupos levantados en armas, pero tiene la gran responsabilidad de mantener la totora fresca para que sus islas no mueran por efecto de la descomposición. Su gente es gente amable, siempre dispuesta a ofrecerle una sonrisa al turista y en busca de ser mejores anfitriones para sus multinacionales invitados, se han aprendido canciones en quechua, aymara, español, inglés, francés y hasta en chino.
Al comprar para mi familia algunas de las maravillas hechas a mano, me percato de la ironía comercial que hay aquí, en el fino restaurante de anoche sólo aceptaban soles, en cambio en esta isla llena de nativos, aceptan soles, dólares, euros, de todo. El último abrazo a una bebé vestida con los colores del arco iris y nos disponemos a dar una vuelta en caballito de totora (canoa) parecida a las de la cultura egipcia, mientras las damas de la isla se despiden cantando "vamos a la playa, oh, oh, oh, oh, oh!".

De vuelta al barco aprovecho las 3 horas de viaje hacia nuestro próximo destino, para dormir lo que no dormí en el Hotel. Llegamos a la isla de Taquile en donde el Titicaca se torna en la ilusión de un mar que sólo es real 4000 metros hacia abajo. Entre el lago y el cielo se hace una gama de azules, quebrantada por un horizonte Boliviano que pareciera estar a la vuelta de la esquina pero del que en realidad nos separan varias leguas. Conocemos a la cultura Quechua que allí habita, cuyo saludo consiste en intercambiarse hojas de coca de sus respectivas chuspas (parecidas a las mochilas de los estudiantes de la nacional).

Los hombres de este lugar, son considerados los mejores tejedores del mundo por la UNICEF y no sólo son los que tejen, sino que además entre mejor lo hagan, mayor será demostrada su virilidad, así que si uno de estos mancitos quiere coronar, le toca primero punto, crochet, cadeneta, moño. Claro que las mujeres también tienen que demostrar lo buenas mujeres que son y para esto tejen con pedazos de su propio cabello entrelazado con lana de alpaca con tintes naturales, una faja para su marido donde se narra su historia de amor, ésta hace las veces del anillo en el matrimonio católico, sólo que estas fajas no se compran en cualquier joyería.

Almorzamos con una deliciosa Sopa de Quinua, el alimento del futuro, porque crece en todas partes y es bueno para todo según me dijo (y le creo) una adorable anciana de escasos 107 años. Enseguida nuestros anfitriones con chullos (gorros) de casados, nos deleitan con un baile típico y no pasa mucho para que nosotros seamos parte activa de la danza. Con la flor de la cantuta en una mano (la flor nacional de Perú) nos despedimos de nuestros nuevos amigos y comenzamos el descenso por la 550 gradas que nos conducen hacia el muelle, lo grave es que me dieron ganas de entrar al baño y el hecho de que el emisario del "Titicaca" sea el rio "Desaguadero" que más al sur forma el lago "Poopó", no ayuda a olvidar el asunto.
De regreso me voy en la Proa hablando con mi bella amiga Melinda de California y le enseño las asombrosas fotos que logró captar mi lente, mientras tanto el dios sol deja de calentarnos muy despacio para darle paso al viento frío que nos espera en la ciudad de la Vírgen de la Candelaria. Finalmente adaptado a la altura, esta noche pinta bien, aunque tristemente no dejo de pensar que esta aventura poco a poco va llegando a su final.