Nuestra última parada es el Sillustani, hacia donde la nobleza Inca y Pre-inca hacían su viaje final. Un lugar ubicado en una península de la Laguna Umayo (Cabeza del río), a 34 km de Puno donde momificados en posición fetal, los seres pertenecientes a la cultura Kolla y Tiwanaku eran enterrados con preciosos tesoros que los acompañaban a la otra vida (por lo menos hasta que los españoles lo supieron), ya que ellos no creían en la muerte. Sus tumbas eran enormes torres cónicas llamadas Chulpas, gigante
Al despedirme de este lugar sagrado observo a una hermosa vicuña con las pestañas de Bambi y a un singular burro peludo, que sin duda desarrolló más pelo por el frío nocturno. Pasando al lado de la Universidad Andina y en medio de la fiesta que hay en Juliaca, me dirijo al Aeropuerto Internacional Inca Manco Capac, donde tomaré un avión a la ciudad blanca de Arequipa, y desde el Aeropuerto Alfredo Rodríguez Ballón, admiraré brevemente al Volcán Misti y al Cañón del Colca, uno de los más grandes del mundo, mientras nuestra persecución al sol nos lleva de regreso a Lima. El cielo se va a apagando y a mi me está entrando la inevitable pero necesaria nostalgia del viaje, tengo material de sobra para montar un blog o a lo mejor un libro, pero ahora me dispongo a disfrutar de las últimas noches que me brinde el Perú hasta retornar a mi sufrida pero hermosa Colombia.
Al llegar al apartamento, descubro que no me acompaña la cámara
en la que tengo cuanta foto y video tomé del viaje, se quedó en el taxi. Comienzo a correr y en la búsqueda frenética de otro que me devuelva al aeropuerto y en la carrera casi me hago atropellar de uno. Le ofrezco el doble de la tarifa oficial con tal de que me lleve a lo que su triste carro pueda acelerar. Como si le hubiera ofrecido oro, el señor chofer se convierte en un Juan Pablo Montoya inca y vuela entre un mar de madrazos e improperios. Finalmente y con un poco de nauseas llego al aeropuerto y mi único recuerdo es que el chofer que me trajo era bajito, morenito y gor
dito, pista de poco ayuda ya que los 2.736 choferes cumplen con esa descripción. Mediante la radio logran confirmar a uno que realizó hace poco un servicio a mi dirección y finalmente, gracias a que el conductor no realizó otra carrera, ni se percató en mirar hacia atrás, encuentro sana y salva mi cámara con los recuerdos del viaje intactos. Le debo una más al barbudo. 
Ya en la Ciudad de los Reyes, nos fuimos a comer como tales. El chato me invitó mi última cena en tierra inca en el Tanta. Degustamos deliciosas mini causas limeñas (puré de papá relleno de camarones) con tallarines verdes y papas a la huancaina, y de postre el famoso turrón de Doña Pepa que sólo se produce en el mes morado. Al día siguiente me dispongo a regresar a mi querido terruño, empaco con el cuidado de una abuela todos los recuerdos y souvenires que este octubre dejó en mis manos, y como quien no se quiere ir tomo un taxi al aeropuerto José Chávez de la ciudad de Lima y abordo el avión de Avianca que me devolverá a casa. Ahora, es tiempo de pensar en cómo diablos pagaré mi tarjeta de crédito, pero lo vivido, no me lo quita nadie!
Un abrazo!
3 comentarios:
hola disfrute compartiendo la lectura de tu hermoso viaje a esa parte del Perú que es tan grande en territorio e historia. Tu gran País Colombia también debe tener sus maravillas aparte de Gabo por cierto, algún dia me gustaria viajar, espero que los hermanos colombianos logren la paz que cesen las guerrillas.
alfonso, mil gracias por su comentario, actualmente estoy trabajando en una crónica parecida sobre panamá, espero que también me acompañe en ese viaje.
Hola Ricky, buenísima la materia sobre tu viaje a Perú, mi tierra amada, las fotos que publicaste son lindísimas, nunca las había visto, tu competencia es enorme. Estoy haciendo unas pinturas para hacer una exposición sobre "CULTURA INCA Y PRE-INCA", entre mis pinturas están "MACHU PICCHU" Y "EL HASCARÁN", espero algún día puedas verlo en el facebook. Sigue siempre así con tu genialidad y competencia. Muchos éxitos.
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